bajo la misma luna: capítulo 17

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LUNÁTICOS

– Belinda, mi amor. Me llaman del consejo.

– Cariño, me siento extraña.

– Estás saliendo de cuentas, la luna cambia esta noche. Le diré a la partera que venga a atenderte.. nuestra hija está apunto de nacer.

Parecía que hubiese sido ayer cuando llegó allí y .. conoció a George. Nunca pensó que pudiera existir nadie como él. La plenitud, la felicidad, se la aportaba cada día, cuando lo miraba con sus ojos azules, cuando la hacía sentir en su lugar, en su sitio, y en momento espacio tiempo adecuado. Podría describir sus besos, sus caricias, su manera de sonreir. Pero llevaba ya una semana pesaroso, veía una sombra en su mirada.

– Georg, ¿está todo bien?

Sonrío con una sonrisa nostálgica.

– Mi vida, todo es  cíclico, y parece que viejos fantasmas se acercan, y tenemos que prepararnos para negociar.

– ¿Fantasmas? ¿Prepararnos?

– Si, las pesadillas han vuelto, y hay que luchar contra ellas. No podemos dejar que nuestra luna se llene de sombras, por nuestra hija, y por nosotros.

– Confío en tí.

– Y yo tengo tu fuerza… y la de nuestra hija. – En ese instante acarició el vientre abultado de Belinda con mucho cariño. Bajó su cabeza y la besó.

Lo vió salir. Estaba tan cansada que volvió a la cama, y .. se quedó dormida. No era consciente del tiempo que habría pasado, pero .. sintío frío, un intenso frío que la hizo entreabrir los ojos. Observó que su habitación, se había oscurecido.. esa habitación que siempre estaba iluminada con el fulgor blanco que llenaba a todo lo que pertenecía a la luna.

Sintío de repente como algo, una especie de humo negro la inmovilizaba, y la levantaba de la cama. No podía gritar, ni hablar, estaba totalmente paralizada, y se hizo presa del miedo. Sentía como su corazón latía con fuerza, y seguía notando como su tripa se ponia dura. No pudo resistir y se puso a llorar, no sabía que pasaba, que sucedía, pero al oscuridad se había hecho con su casa, con la casa que compartía con Georg desde que ella llegó a la luna. Donde él la había amado. Donde había engendrado a su hija, que se llamaría Luna, y que para ellos era hermoso saberla incluso antes de nacer.

Ella, no lo sabía, pero las pesadillas, habían trazado un plan, y ese plan incluía secuestrarla a ella. La llevarían al otro lado de la luna, donde no había luz, y donde habitaban todos los miedos y pesares.

Las pesadillas, tendrían con qué negociar.. o quizá no negociarían, necesitaban proyectar la oscuridad sobre los sueños. Tenían su derecho a tener su espacio. Habían estado demasiado reprimidos. Ahora, podrían resurgir.

Georg, estaba en el Consejo cuando llegó la partera.

– He intentado llegar a su casa señor, pero la oscuridad estaba allí.. y .. vi como se la llevaban. No pude hacer nada para evitarlo señor.. el miedo se hizo conmigo.

Dió un puñetazo en la mesa. Las pesadillas  y el miedo, se estaban expandiendo.. habría que recurrir a la luz y al amor.. habría que negociar con ellas. Su Belinda, su hija.. no podían ser presas de la oscuridad.

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bajo la misma luna: capítulo 16

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Habían pasado dos años. Se encontraba ahora en una enorme cama, la que compartía con Enzo. Él se había ido pronto y no volvería hasta pasado dos días. Tenía que ir a Milán a arreglar unos asuntos. Estaba siempre con mil cosas, pero .. desde que le pidiera que vivieran juntos, siempre tenía tiempo para dedicarle a ella, daba igual el negocio o todo lo demás, ella era lo primero.

Estaba desnuda , envuelta en la sábana y su piel tenía el sabor de sus besos y y el calor de sus caricias. Y empezó a recordar como empezaron. Si, fue cuando Rober volvió con Carmen. Eso la dejó desvalida y .. empezó a tener la mirada perdida. Si, se centró en el trabajo, huyendo de sus pensamientos y de su dolor, porque tanto dolor sentía, que no era capaz de enfrentarse a él.

Y, allí estaba él, el Quijote de las almas pérdidas. Recuerda un día que Enzo la llamó al despacho.

– Por favor Judit, siéntate.

Levantó la cabeza y la miró. Ella no sabía que hacer, sencillamente miraba a Enzo a los ojos. Esos ojos intensos, brillantes, llenos de sabiduría. No era mucho mayor que ella, un par de años, pero sin embargo, era un hombre sabio. Se imagina que la vida lo habría hecho así, o posiblemente en sus genes tuviera la serenidad, la sensatez, esa manera de resolver los temas, como lo había hecho desde que se quedara con la Editorial. Los cambios habían sido espectaculares, y no habían ido a menos, sino a mas. Más personal, más equipo. Y bueno, el lanzamiento de “Lunáticos”, había sido un gran éxito que él no dejaba de achacarselo a ella.  Novela, película, video juego.. era increíble como se podría publicitar algo.

– No sabes lo importante que ha sido para mí tenerte en estos tiempos de incertidumbre a mi lado, aportando ideas, entregando todas tus energías a esta empresa, que es .. mi sueño.

Se levantó de la mesa y se dirigió a un mueble que tenía en el aparador del fondo, en  el lateral de la izquierda del gran ventanal. Qué vistas tan preciosas tenía el despacho. Había cambiado la decoración a como lo tenía Deborah. Todo eran madera, pero de líneas rectas, elegante, sobrio, pero al tiempo, con un toque acogedor. Como el mismo Enzo. Se sorprendió comparando a su jefe con su decoración.

Del mueble del fondo sacó dos copas, abrió el pequeño frigorífico y sacó una botella de Moët Chandon.

– Creo que por mucho que hayamos celebrado, realmente no te he reconocido como mereces tu esfuerzo.. y más.. bueno.. en la situación emocional que has vivido.

– Enzo.. yo.

– No ha afectado para nada en tu productividad, pero.. te miro, y veo que tus ojos se pierden, que tu piel está agotada. No duermes, y el cansancio se te nota físicamente. Pero es cansancio mental.

Se acercó hacia ella con las dos copas.

– Bb, mi bb… – lo digo en tono muy suave. – Vamos a brindar por lunáticos, y .. por unas semivacaciones que te vas a tomar conmigo.

-¿Yo?

– Bueno, que nos hemos ganado un descanso, y que tengo que hacer trabajo en plan relajado, un mesecito viajando.. París, Nueva York, Buenos Aires..  y en fin, lo que surja. Nos han pedido que cedamos derechos y quiero ver mas proyectos. Pero .. trabajo para otear, nada firme, por lo que van a ser mas vacaciones que trabajo. Pero .. si, te necesito conmigo. Y .. que además, un jefe tiene que cuidar de sus empleados.

Chocaron sus copas. El champán estaba fresco y delicioso.

– Nos iremos de aquí, a aproximadamente tres semanas.  Y.. he pedido a una amiga mía, es psiquiatra, que te dé cita para mañana.  Quiero que disfrutes de las semivacaciones-trabajo.  No te molestes Bb, déjame que haga algo por tí, después de lo mucho que tú has hecho por mí.

– Era mi trabajo.

– Si, pero..  bueno, dígamos que soy un jefe caprichoso y quiero que estés bien.

Volvió a chocar la copa con ella, y a mirarla.  Si, él fue lo que necesitaba, alguien con autoridad y con cariño, le diese una ruta alternativa a su espiral de correr y de huir de sus sentimientos.

Seguía en la cama, y una sonrisa iluminó su rostro.  La vida es sorprendente.. solo hay que dejarla fluir.

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Bajo la misma luna: capítulo 15

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Sentado en su despacho, con un montón de memorandums, gráficas, excels, su mesa era una montaña de papeles. Tenía sus economistas, sus asesores,  y  sabía que podía confiar en ellos, pero algo que siempre hacía, era revisar y de esa manera poder elegir mejor el destino de la empresa, o el rumbo a seguir. Estaba decidido a hacer de esa pequeña empresa española, una filial para relanzarla con las demás al mercado internacional, con una red de periódicos, publicaciones, quizá una emisora, aplicaciones para internet, y si.. seguiría haciendo publicaciones de libros de autores nuevos, pero .. sería un parte de una gran empresa.

Se quedó mirando por la ventana, había una hermosa nube blanquísima rompiendo un sereno cielo azul de finales de abril. Que hermosas eran las vistas. Si le gustaba tanto España, era por lo parecido que era a Italia.. pero .. más Europea. Era curioso como la veía más estable económica y políticamente, más madura, y eso le daba a la capital española ese aire de europeísmo.  La editora, Judit, que mujer mas curiosa. Deborah le había hablado bien de ella. Le había sonsacado con elegancia, y sabía que era separada, no tenía hijos, y era una trabajadora nata. De esas mujeres volcadas en su trabajo. Eso es bueno y malo.. pero siempre es decisión de la mujer.

Pensaba en su hijo, en Rafael, que próximamente vendría a estar con él en cuanto acabasen las vacaciones. Ahora estaba con Daniella su ex mujer.. uhmm una femme fatale, pero buena madre. Iba a ver a su hijo en cuanto podía, pero ya lo había hablado con ella, podría venir las veces que quisiera, pero en el verano, estaría con él. Incluso, igual se planteaban un cambio de colegio en España.. es un tema para negociarlo con Daniella.

Cogió el móvil.

– Hola bebe – saludó de la manera mas natural posible, mientras cogía un bolí, y empezaba a hacer dibujitos en un folio en blanco.

– Buenos días Enzo.- La voz nerviosa de Judit, no dejaba a dudas que la había pillado desprevenida.

– Era preguntarte que tal pasastes la noche y como te encuentras hoy.

– Perfectamente… fue algo puntual.

– Me alegro mucho bebe, y .. disculpa por llamarte al móvil, pero  me ha parecido lo más fácil para contactarte.

– No te preocupes Enzo.. no hay ningún problema.- Y mientras lo dijo notó que estaba hablándole con mucha cercanía al jefe. Bueno, con Devorah también lo había hecho.. pero con ella había sido una relación de más tiempo hasta que cogió confianza, y … Enzo no era Devorah.

– Muchas gracias bebe, que tengas un buen día.

Ella sería perfecta para liderar una parte de la empresa. Le había visto el aura, y era la adecuada. Ella era adecuada para muchas cosas.

Estaba en sus pensamientos, cuando sus labios le sorprendieron porque empezaron a sonreir mientras pensaba en la mirada de Judiht. Curioso.

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Bajo la misma luna: capítulo 14

Judit se dirigía como cada mañana a la editorial. Esta mañana iría en metro, se había lenvantado con tiempo. Durante la noche no había podido dormir, la luna le había hecho compañía mientras escuchaba música y pensaba sin querer en mil cosas, todas al tiempo. Rober le había dicho que a Raúl lo habían dejado varias horas en observación, le habían puesto puntos,  y .. bueno, que si ella necesitaba algo. Le había dicho que no.

¿Realmente necesitaba algo? ¿Le quería tanto como para saber que ella estaba después de “su familia”?

Todas esas preguntas le rondaban por la cabeza. Además, estaba el nuevo jefe. Eso de que la atendiera, fuera agradable, y .. como si estuviera siempre listo a cualquier incidencia, siempre atento, además de ser italiano y atractivo. Pero.. bueno.. a ella realmente el jefe, era el jefe, y no valía la pena ni tan siquiera coquetear. Educación, profesionalidad, y con ellas podría con todo. En cuanto a Rober…. habría que dejar tiempo al tiempo.

Subió por el ascensor. La novela con Belinda y George la tenía en el portafolios. Se sentía como la guardiana de la novela y le preocupaba dejarla en casa. La tenía que leer y quería perderse en la lectura de sus páginas.

– ¡Buenos días!

Sonrío mientras lo decía y su ayudante, que ya esta por supuesto con el ordenador encendido dos cafés en la mesa, y .. cara de tener muchas preguntas.

– Jefa.. ahora mismo me cuentas que te pasó y como estás. Me hubiera pasado por tu casa por la tarde pero no quería molestarte si estabas descansando.

– No te preocupes.. estoy bien. Fue eso.. cansancio, azúcar.. ya estoy  a tope. Uhmm, eres el mejor ayudante del mundo mundial.. ¿café sólo y sin azúcar?

– Si, jefa, como la vida, fuerte y amarga.. pero intensa.

– Jajaja, hablo demasiado.

– Que vá, es que yo soy un chico listo.

– Cierto. Bien.. el jefazo, me dijo que hoy quería visitar las intalaciones.. corre la voz.. de que todos estén .. trabajando, y que no se pongan nerviosos.

Mientras acababa de hablar, Rober llegaba para verla.

– ¡Buenos días a todos! Judit…

Se giró. Rober, no , no había pasado buena noche. Sus ojeras, su mirada cansada.. y .. el traje, parece que le había caido de un quinto piso. Sin querer, Judit se acercó, y empezó a enderezarle la chaqueta, la cobarta, y .. le dió un beso suave en la mejilla. Era consciente que estaban delante de todos, pero .. a ella, en ese instante, como que le daba igual.

En los ojos de Rober apareció una chispa, una luz en sus ojos.. como muestra de agradecimiento del gesto de ella. Era .. como llegar a casa, o al menos así se sintió.

– Voy a tomarme un café que me han traido, ¿lo compartimos? Es uno grande …

– Si nena.. vamos.

Y se dirigieron al despacho de ella , cerrando la puerta tras ellos.

– ¿Cómo ha pasado la noche Raúl?

– Bien, dice Carmen que bien.. ha sido el susto, pero .. que susto.  Ayer… me sentí mal por no estar contigo..

– Shhh, tenías que estar con él, además yo estaba bien.. ha sido, eso.. una bajada de azúcar.. pero ya estoy estupenda. Y ayer.. importante era él.

– La vida, que .. puñetera es a veces. Nos pasamos la vida luchando, buscando un espacio, creyendo que podemos ser libres, decidir, hacer lo que queremos, y nos lo pasamos dependientes del trabajo, de las exparejas, de las obligaciones.. de mil cosas.

– Rober, la libertad.. cambiemos de definición, y seguramente somos libres. Decidimos siempre, aunque tengamos una pistola apuntando. Si somos libres. Y .. lo mejor, libres para amar.. maduros conscientes….

Y él no pudo remediarlo y se acercó a ella y la besó, con intensidad, sin prisa, como si fuera para siempre y fuera solo un momento, y .. esa fugacidad la fuera a hacer desaparecer.

– Cariño, estamos en mi despacho.. me encanta pero no deberíamos.

Lo dijo entre risas, mientras también lo besaba.

En ese momento ella dejó de preguntarse y de buscar respuestas. Vivir el presente, porque siempre es hoy.

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bajo la misma luna: capítulo 13

LUNÁTICOS

George y Belinda. Él estaba feliz, contento, no eufórico, sino con esa serenidad repleta de felicidad. Sus hermosos ojos azules miraban y admiraban a Belinda, que sonreía, con sus brillantes ojos castaños. Parecía una niña pequeña la mañana de reyes, donde todo estaba bien, donde todo era sorpresa.

– Belinda, no recuerdo desde cuando estás aquí, porque parece como si siempre hubieras estado conmigo.

Estaban en la cama, y el girado hacia ella, con el codo apoyado, y .. deleitándose en ver a su complemento con él.

– Yo solo sé que soy feliz a tu lado. Que.. mi cuerpo y mi alma, se sienten en su lugar, y ahora.. especialmente, más completa que nunca.

Y diciendo esas palabras se llevo la mano a su vientre que estaba abultado. George.. se acercó suavemente, levantó la camisola y besó el vientre de ella.

– Aquí está mi pequeña Luna.

– ¿Cómo sabes que será una niña?

– Nena.. jejeje, porque lo sé.. y .. la veo. Es guapísima..  tiene tu alma, mis ojos, y .. es la niña mas dulce que te puedas imaginar. Nos va a llenar de dicha.

Y besó a Belinda con intensidad.

– ¿Qué piensas Belinda?

– Que a veces pienso que esto que vivo contigo es un sueño. Que realmente tú no existes. Que … nuestra casa, nuestro hogar, nuestro bebé que viene en camino, que todo son mis deseos que he imaginado y solo existen en mi mente.

– Nena, me tocas, me besas, sientes felicidad conmigo.. soy real, porque tú me sientes real.. no piensas más y disfruta de lo que tenemos. Yo, también pienso que es demasiado bonito para ser real que haya encontrado en este mundo.. a un sueño como tú.

– Te quiero, te amo, y .. soy feliz en tus brazos. Sabes.. tu risa, tu manera de mirarme, de hablarme.. eres inteligente, educado, suave, y .. no te pregunto si me amas, porque sé que me amas. Porque nunca me he sentido tan plena. Si eres un sueño, que nadie me despierte. Que .. nazca nuestra hija, y que seamos felices y plenos.

– Yo, soy feliz, y estoy seguro de seguir siéndolo cada día contigo, y más cuando veamos a nuestra peque. Es tanto el amor que sentimos..

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el yo

Etiquetas.

A veces etiquetamos a las personas, y nos creemos que las conocemos. Ignoramos que tienen ya unas vivencias, un camino, que su piel tiene cicatrices que nunca se han cerrado.

Camino.

La vida es un camino, y en el camino, estamos nosotros, individuos. ¿Qué nos define? El espacio geográfico, nuestro sexo, nuestra educación, nuestra personalidad, y muchas cosas, son colores, pinceladas de nosotros. Del yo.

Cicatrices.

Las situaciones y como las manejamos, nos forjan. Algunas rasgan la piel, y dejan profundas heridas, que siempre estarán ahí, para que aprendamos a mirarlas, saber en donde estamos y como hemos llegado hasta aqui.

Fortaleza.

No hay que subestimar a los demás.  Un junco, no se rompe, porque es flexible, y parece más duro que una piedra, que el mar erosiona. A veces, las personas, solo tienen una cosa “dignidad” y quizá sea de lo poco que se quiere conservar en cualquier situación.

Ser.

¿Quién soy? ¿Quién eres?  Algo tan fácil como observar y tener paciencia. Cuando algo no se entiende.. espera.. y lo entenderás.

Pasiones.

No, no se pueden dejar que las pasiones como la ira, los celos, lo inunden todo. Porque la tormenta puede destrozar el cauce del río, y será difícil recuperarlo. Hay que controlar, por uno mismo, y por lo demás.

Soy mis cicatrices, mis fortalezas, mis pasiones controladas, construyo mi camino, y no, no hay etiquetas.

 

 

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bajo la misma luna: capítulo 12

La luz del atardecer se había ido difuminando, dejando paso a la luna, a las estrellas. La luna seguía como la noche anterior, pletórica, refulgente. Judit la miraba y sonreía, como si encontrase serenidad en contemplar la noche. Se encontraba bien, la pequeña crisis con descanso, esa siesta interminable mientras sonaba soul en el ipad, la habían ayudado a sentirse bien. Estaba sonriendo, el nuevo jefe, era una pasada. Parecía sacado de una novela. Y .. su relación con Rober.. bueno, había que ir disfrutándola. Ahora vendría a estar con ella. Estaba pendiente de que llegara, y aunque seguía con los leggins negros, se había peinado, y se había dejado recogido el pelo, entre descuidado y cuidado, y se sentía sexy. Si, .. ella se sentía sexy y tenía ganas de sentirse así.

El futuro, que impreciso, pero.. que poca importancia tiene cuando quieres vivir bien tu presente.

 Sonó el timbre del interfono. Ya estaba aquí Rober. Abrió el portal, se quedó esperando a al puerta del apartamento a que llegase el ascensor.  Si.. allí estaba, ya había llegado.

– Judit.. nena.- venía con cara de agotado, y cargado con una bolsa de comida japonesa para llevar.

– Rober… gracias – se acercó y enlazando sus brazos por encima de su cuello, empezó a besarlo con intensidad.

Rober aceptó los labios de Judit.. y empezó a sonreir.

– Veo que me has echado de menos.. jejeje, deja que suelte el malentín la bolsa de comida, y que te abrace, aquí me tienes a traición.

Dejó la bolsa de comida en la cocina, se quitó el abrigo, dejó la cartera, y despacito caminó hacia ella. La miró con suavidad, pasó los dedos por su rostro, acariciándola. Quería verla, quería disfrutarla.

– ¿Cómo estás?- le preguntó en un susurro mientras sus labios buscaban los de ella.

– Bien- dijo Judit, muy quedamente.

Seguían besándose, cuando de repente, empezó a sonar el móvil de Rober. Parecía increíble… pero si, ese mágico momento, se vió interrumpido por el móvil.

– No lo voy a coger.

– No te preocupes.. cógelo, no me pienso ir. Y mientras, pongo la comida en la mesa.. ¿vale?- y le sonrío, para que él no se sintiera culpable por atender el teléfono

– Dime Carmen… Aha… Si.. ¿Dónde estás? Vale, voy.

– ¿Qué ha pasado?

– Raúl, que se ha caido y se ha abierto una brecha. Que ha dejado los niños con la vecina. Voy a ir al hospital.

– ¿Quieres que te acompañe?

– No, Judit, no hace falta cariño.- Y la besó.- Parece que nos lo quieren poner difícil.

Rober dibujó una sonrisa triste, mientras sus pasos se dirigían hacia la puerta.

Judit, volvió a asomarse a la terraza, a ver la luna, pero ya sin esperar.  En ese instante, empezó a sonar su móvil.

– Buona sera signorina. ¿Cómo se encuentra?

– Enzo, buenas noches. Pues.. bien, muy descansada. Muchísimas gracias por las atenciones de esta mañana.

– Nada, nada, ha sido un placer bb. Mañana quiero visitar los diferentes departamentos, ¿te encontrarás mañana bien para ir al trabajo?

– Por supuesto, ya estoy repuesta del todo.

– Estupendo bb, mañana nos vemos. Que descanses.

Colgó el teléfono, y siguió mirando a la luna. Esa misma luna que todos miraban y veían, testigo de innumerables vidas.NovelaInspi

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