Bajo la misma luna: capítulo 10

Estaba cómodamente sentada en el sofá, con una coca-cola, cuando empezó a sonar su móvil. Fue a cogerlo rápidamente, pensando que sería Rober, pero al ver la pantalla vio un número que no tenía memorizado.

– ¿Sí? ¿Dígame?

– Judit, soy Enzo. ¿Qué tal te encuentras?

– Muy bien Enzo. Aquí estoy con la novela, que sigue estando muy interesante, iré tomando notas de las correcciones, y .. cuando quiera, pues se lo comento.

– Gracias Judit, pero ahora, en plan tranquilo. Te he llamado sobre todo para saber como estás, y para que tengas mi móvil, por si se te ofrece algo.

– Es muy amable.. no era necesario.

– Jejeje, me siento responsable.. creo que ha sido demasiado para vosotros, saber lo de la compra de la Editorial.

– Bueno, ha sido mas bien, bajada de azúcar, y la tensión.. no tiene usted la culpa.

– ¿Y qué tal va la protagonista de la novela?

– Pues.. muy bien, es .. no sé, una protagonista que transmite buenas energías. Necesita algún pulido, pero va bien. Me llama la atención el tema del viaje a otra dimensión, de buenas a primeras, y todo lo que se dá como natural.

– Seguramente el escritor, o escritora, en cierto modo ha escrito así por algo. Los escritores suelen espantar sus fantasmas, sus fobias, sus miedos, a través de sus letras. Si se profundiza un poquito más, quien sabe que se podría averiguar.

Hubo un silencio.

– Uhmm, Judit, que descanses, cualquier cosa, llámame.

– Muchísimas gracias Enzo.

Colgó el teléfono con una sonrisa. No daba crédito, el jefazo la había llamado, y .. podría decir que ella había estado correcta, pero que el corazón se le había acelerado un poquito. Dejó el teléfono en la mesita, y volvío al sofá. Dobló las rodillas, y con la novela en la mano empezó a sonreír mirando por la ventana.

De repente empezó a pensar en Rober, no la había llamado. Igual ni tan siquiera lo sabía. Le mandaría un wasap, para que no se enterase por otros, y se preocupase. Lo escribió. “Rober, estoy en casa, no me encontraba bien. Pero ya estoy mejor. Besos.”

Al ratito, contestó. “Nena, en cuanto acabe con Carmen, voy para tu casa. Te llevo algo para que cenemos.. no te muevas. Tengo que cuidarte amor. Te amo.”

Judit, en ese momento, comenzó a llorar. Rober la había emocionado, en sus palabras escritas, había escuchado la suavidad de su voz, había notado su amor, su calidez. Si, deseaba que llegase, deseaba que la abrazase, que la besase, y que le dijese que no se preocupara. Que no planificase más allá del día presente. Y que todo, todo, estaría bien.

Se recompuso un poco, llevó la coca-cola a la cocina, esa cocina que fue la que la enamoró cuando decidió comprar el piso. La luz, la amplitud. Después cuidó el mobiliario. Madera cálida, con mucho sitio para cocinar. Le gustaba inventar comidas nuevas, dejar que su imaginación se empleara con colores y sabores. Puso la tetera en la vitro. Su tía, siempre le decía que un té lo arreglaba todo, y seguro que sería así.  Se tomaría el té, leería la novela, y esperaría que llegase Rober. Que todo fuera tomando forma. Que todo se asentará. Mientras colocaba la bolsita del té en la taza de cerámica de corazoncitos, sonreía, se llevó un dedo a sus labios, cerró los ojos, y pensó en un amanecer, en un beso.

Acerca de inspiracion1971

Escribir me gusta, es una forma de conocerme.
Esta entrada fue publicada en Novela corta: BAJO LA MISMA LUNA. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s