capítulo 2

LUNÁTICOS

– Es imposible, no puedo mas con este ritmo de vida.

Lo decía en voz alta, mientras estaba metiendo la ropa de color en la lavadora. A veces hablaba en voz alta, a solas consigo misma, porque necesitaba verbalizar, o desahogarse, y .. no tenia a nadie con quien hacerlo. Amigas, conocidos, compañeros, nadie tenía culpa de sus agobios, y prefería desahogarse de esa manera, hablándole a la lavadora, al grifo de la cocina, a las plantas.   Después sonreía, porque la verdad, todos eres perfectos escuchantes, no le llevaban la contraria, e incluso a ella le parecía que le daban la razón. Se dió la vuelta, y miró al cielo. En ese instante, su boca dibujó un “Ohh”, como de un crío pequeño ante algo sorprendente. La luna, estaba más hermosa de lo que hubiera recordado nunca. Enorme, fluorescentemente blanca, y lo había inundado todo con esa misteriosa luz blanquecina. Estaba cansada, pero ahora mismo, daba todo igual, en ese momento que estaba robando a su vida, para contemplar, sin mas fin que llenarse de la hermosura de la noche. Era a veces tan gratificante el cuadro del horizonte, el espectáculo de la vida,  el pararse un momento y observar lo que nos rodea, cuanta belleza pasa desapercibida, tapada por las prisas, y por el ir corriendo a ningún sitio.

Seguía sonriendo mientras notó que el móvil, que llevaba en el bolsillo del vaquero empezó a vibrar. “Mami, baja a acostar al niño que está muy penoso”.  No pudo más que soltar una carcajada…  eso era ya el remate. Pero bueno..  era su vida, y en cierto modo, era su elección. Y si iba a un ritmo muy rápido era porque se había encabezonado en llevarlo todo ella, porque para ella, solamente sus manos eran las mas adecuadas para los niños, para la cocina, para la limpieza.. pues tendría que apechugar.

Bajo las escaleras con una sonrisa bobalicona, la luna la había dejado pillada. Después de su charla con la lavadora, y haberla dejado funcionando, con detergente micolor, que deja la ropa mas o menos en condiciones, con agua fría, parecía que todo estaba bien. El niño, estaba últimamente penoso, no sabía si serían los dientes, la otitis que de vez encuando aparecía, tendría que pedir cita con el pediatra, igual después de acostarlo, miraba si podía pedir cita por inernet. Mientras estaba en esos pensamientos, piso de mala manera el escalón y sin darle tiempo a reaccionar cayó por las escaleras.  Le pareció ver el suelo de mármol, o más que verlo sentirlo en sus mejillas. Y después, todo oscuro, negro, y su cuerpo se relajó, y también dejó de oir.  Como si de repente se hubiera quedado dormida.

No sabría decir cuanto tiempo había pasado desde que se quedó dormida, pero como si hubiera sido al instante siguiente, se levantó del suelo. Abrió los ojos y .. no estaba en su casa. Era como una especie de palacio de nácar blanco. Y su cuerpo, no estaba dolorido. Se miró las piernas, porque pensaba que seguramente las tendría llenas de moratones, pero no.. es más.. no tenía puestos los vaqueros, sino una especie de mono blanco, ajustado, .. y .. ¡¡¡wow!!!, que estaba  ceñida, pero sus muslos se veían estilizados. ¡¡Narices!! Si lo llega a saber se hubiera tirado antes por la escalera, estaba harta de dietas, de hacer sentadillas, y de echarse potingues para estar medio que.  Caminó por el  pasillo anchísimo, y techo altísimo. Las paredes reflejaban y se veía tan bien. Hacía tiempo que no se miraba al espejo y esbozaba una sonrisa. Los embarazos, las prisas, la vida acelerada se había llevado parte de ella, y  en ese lugar, que no estaba en ninguna parte, estaba viéndose bien, y sintiéndose bien. Era maravilloso sentirse a sí. Pensaba en los niños.. seguro que su padre se haría cargo de ellos, era buen padre. Ahora, tenía la necesidad de llegar al final del pasillo. No sabía donde estaba, ni que se esperaba de ella, pero no le producía ningún tipo de inquietud. Se sentía bien, extrañamente bien y feliz. Seguía sonriendo mientras llegaba a una puerta. La abrió con decisión, y la visión fue como de la guerra de las galaxias. Una sala semejante al coliseo, todo de nacar blanco, suelo, asientos, paredes, techo.  Estaba lleno de personas, todas enfundadas en trajes elásticos como el suyo. Todas sonreían y había como una atmósfera de serenidad, de energía positiva. Conversaban unas con otras. Observó que en el centro había una especie de púlpito, donde había cinco individuos, que iban vestidos de azul, y no eran trajes, eran unas túnicas. Sus cabellos eran blancos, también brillantes como el nácar, y sus rostros se veían jóvenes, hermosos.

Mirando al púlpito, fue cuando se tropezó con los ojos de él, un chico que estaba a la izquierda de todos, con su túnica azul, y una sonrisa encantadora. Cuando sus miradas se encontraron, sintío como de repente, entendía todo. Sin afectación, sin miedos, entendía todo lo que había pasado, donde estaba, y porque estaba allí.  Era sencillamente maravilloso tener el conocimiento en décimas de segundo, de manera tan natural.

2 respuestas a capítulo 2

  1. Pingback: bajo la misma luna: capítulo 2 | la inspiracion

  2. bypils dijo:

    Vaaaaa! Más!!!
    Besos.

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