capítulo 7

La había descolocado la elegancia del nuevo gerente. Caminaba con cierta confusión hacia la cafetería, había acelerado el paso, quería refugiarse en una mesa, en un rinconcito, pedirse su café, y poder recolocar esa especie de electricidad. Tenía que relativizar las cosas. Si, relativizar, esa enfermedad moderna de quitarle la importancia a todo, que nos hacia a veces pasar por al lado de los demás, con una coraza, o una distancia, no permitiéndonos “sentir”.

– Por favor Pedro, ponme un café solo, y una tostada de tomate y jamón.

El camarero le devolvió la sonrisa.

Uhm, sacó su teléfono y se puso a revisar el correo. La mesa de al lado estaba ocupada por una pareja que discutía. Que desagradable el tener que escuchar una conversación, que podria ser la conversación de cualquier pareja, con hijos, y con algunos años de vida en común. Su mente empezó a verse día tras día con Rober, con discusiones, con la rutina, perdiendo el interés el uno por el otro.

La cabeza le iba a estallar.. el trabajo, Rober… todo al tiempo. Y la discusión de la pareja de al lado. ¿Todas las parejas acaban discutiendo por tonterías, que sin embargo, después es lo más importante? El estómago empezó a darle vueltas, y como si estuviera montada en una montaña rusa, empezo a sentir que sentía vacío, calor, sudor frío.  Con las ganas de café y tostada con las que se había dirigido a la cafetería.

Suena el sonido del wasap que la abstrae de sus pensamientos. Lo lee. Rober.. “Nena, tengo que ir al colegio de los gemelos, están penosos, y Carmen, no puede ir a por ellos. ¿Nos vemos a la noche? Aprovecharé para arreglarle el fregadero. Besos, tq.”.

Se había extendido en el mensaje. Si, se sentía culpable. Primera noche de amor, de pasión, y no habían pasado 24 horas, y ya estaba dubitativa, ya veía inconvenientes. Sentía el peso del compromiso. Que diferente a las historias de amor de los libros, cuando está claro quien es la pareja, y todo es .. fácil.

Todo se agolpaba en su mente.

– Judit, ¿cómo va la cosa? Cuanto revuelo habéis montado.

Levantó la cabeza y sonrió a Mary. Le dejaba su café, su tostada, y con sus ojos brillantes, la miraba, como quizá, entendiéndola, aún sin saber que le pasaba.

– Bien, con novedades por la oficina, pero bien. – No quiso decir nada más.. a veces, hay que dejar que las cosas se asienten, fermenten, y después de metabolizadas, ir viendo lo que se hace.

– Si te apetece algo más, me lo dices.

Y se retiró de la mesa, guiñándole un ojo. Le gustaba esa complicidad, y esa necesidad de no saberse sola, sin tener que pedir, ni dar explicaciones.

El olor del café, el vértigo.. se sentía mal. Se levantó para dirigirse al baño y ponerse un poco de agua en la cara. Aumentaba el sentirse mal. Empezó a oir un pitido en los oidos y la fuerza de sus piernas la abandonaron, cuando escuchó, entre sueños una voz lejana, “¡signorina!”. Y al segundo, silencio y oscuridad.

5 respuestas a capítulo 7

  1. Pingback: bajo la misma luna: capítulo 7 | la inspiracion

  2. Lehahiah dijo:

    Será lo que yo me imagino??

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