el yo

Etiquetas.

A veces etiquetamos a las personas, y nos creemos que las conocemos. Ignoramos que tienen ya unas vivencias, un camino, que su piel tiene cicatrices que nunca se han cerrado.

Camino.

La vida es un camino, y en el camino, estamos nosotros, individuos. ¿Qué nos define? El espacio geográfico, nuestro sexo, nuestra educación, nuestra personalidad, y muchas cosas, son colores, pinceladas de nosotros. Del yo.

Cicatrices.

Las situaciones y como las manejamos, nos forjan. Algunas rasgan la piel, y dejan profundas heridas, que siempre estarán ahí, para que aprendamos a mirarlas, saber en donde estamos y como hemos llegado hasta aqui.

Fortaleza.

No hay que subestimar a los demás.  Un junco, no se rompe, porque es flexible, y parece más duro que una piedra, que el mar erosiona. A veces, las personas, solo tienen una cosa “dignidad” y quizá sea de lo poco que se quiere conservar en cualquier situación.

Ser.

¿Quién soy? ¿Quién eres?  Algo tan fácil como observar y tener paciencia. Cuando algo no se entiende.. espera.. y lo entenderás.

Pasiones.

No, no se pueden dejar que las pasiones como la ira, los celos, lo inunden todo. Porque la tormenta puede destrozar el cauce del río, y será difícil recuperarlo. Hay que controlar, por uno mismo, y por lo demás.

Soy mis cicatrices, mis fortalezas, mis pasiones controladas, construyo mi camino, y no, no hay etiquetas.

 

 

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bajo la misma luna: capítulo 12

La luz del atardecer se había ido difuminando, dejando paso a la luna, a las estrellas. La luna seguía como la noche anterior, pletórica, refulgente. Judit la miraba y sonreía, como si encontrase serenidad en contemplar la noche. Se encontraba bien, la pequeña crisis con descanso, esa siesta interminable mientras sonaba soul en el ipad, la habían ayudado a sentirse bien. Estaba sonriendo, el nuevo jefe, era una pasada. Parecía sacado de una novela. Y .. su relación con Rober.. bueno, había que ir disfrutándola. Ahora vendría a estar con ella. Estaba pendiente de que llegara, y aunque seguía con los leggins negros, se había peinado, y se había dejado recogido el pelo, entre descuidado y cuidado, y se sentía sexy. Si, .. ella se sentía sexy y tenía ganas de sentirse así.

El futuro, que impreciso, pero.. que poca importancia tiene cuando quieres vivir bien tu presente.

 Sonó el timbre del interfono. Ya estaba aquí Rober. Abrió el portal, se quedó esperando a al puerta del apartamento a que llegase el ascensor.  Si.. allí estaba, ya había llegado.

– Judit.. nena.- venía con cara de agotado, y cargado con una bolsa de comida japonesa para llevar.

– Rober… gracias – se acercó y enlazando sus brazos por encima de su cuello, empezó a besarlo con intensidad.

Rober aceptó los labios de Judit.. y empezó a sonreir.

– Veo que me has echado de menos.. jejeje, deja que suelte el malentín la bolsa de comida, y que te abrace, aquí me tienes a traición.

Dejó la bolsa de comida en la cocina, se quitó el abrigo, dejó la cartera, y despacito caminó hacia ella. La miró con suavidad, pasó los dedos por su rostro, acariciándola. Quería verla, quería disfrutarla.

– ¿Cómo estás?- le preguntó en un susurro mientras sus labios buscaban los de ella.

– Bien- dijo Judit, muy quedamente.

Seguían besándose, cuando de repente, empezó a sonar el móvil de Rober. Parecía increíble… pero si, ese mágico momento, se vió interrumpido por el móvil.

– No lo voy a coger.

– No te preocupes.. cógelo, no me pienso ir. Y mientras, pongo la comida en la mesa.. ¿vale?- y le sonrío, para que él no se sintiera culpable por atender el teléfono

– Dime Carmen… Aha… Si.. ¿Dónde estás? Vale, voy.

– ¿Qué ha pasado?

– Raúl, que se ha caido y se ha abierto una brecha. Que ha dejado los niños con la vecina. Voy a ir al hospital.

– ¿Quieres que te acompañe?

– No, Judit, no hace falta cariño.- Y la besó.- Parece que nos lo quieren poner difícil.

Rober dibujó una sonrisa triste, mientras sus pasos se dirigían hacia la puerta.

Judit, volvió a asomarse a la terraza, a ver la luna, pero ya sin esperar.  En ese instante, empezó a sonar su móvil.

– Buona sera signorina. ¿Cómo se encuentra?

– Enzo, buenas noches. Pues.. bien, muy descansada. Muchísimas gracias por las atenciones de esta mañana.

– Nada, nada, ha sido un placer bb. Mañana quiero visitar los diferentes departamentos, ¿te encontrarás mañana bien para ir al trabajo?

– Por supuesto, ya estoy repuesta del todo.

– Estupendo bb, mañana nos vemos. Que descanses.

Colgó el teléfono, y siguió mirando a la luna. Esa misma luna que todos miraban y veían, testigo de innumerables vidas.NovelaInspi

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bajo la misma luna: capítulo 11

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– Carmen, me voy a ir. Lo del fregadero, está ya listo.

– Muchas gracias Rober. Uhm, mira, te iba a decir, es que voy este mes  que no me llega, he tenido que…

– ¿No tienes suficiente con lo que te he pasado?

– Si es que me ha surgido varias cosas.. si pudieras prestarme algo de dinero. En cuanto comience a trabajar, ya  te lo devolveré.

– Carmen, ya sabes que pago la hipoteca, mi alquiler, te paso todo lo que puedo para los niños…

– Rober.. la culpa es tuya por querer separarte. Estaríamos bien juntos, y sin tantas estrecheces..

– Shhh, Carmen, no volvamos a lo mismo.

Ella se acercó con carita de pena, y se pegó a él de forma que lo hizo sentir incómodo.

– Carmen, no te preocupes, ya veré como hago para conseguir algo de dinero, ¿cuánto necesitas?

– Si me consiguieras 1000 Euros, podría ir tirando, es que  ha salido un curso, y .. es inversión para  un trabajo.

De manera suave se fué retirando. Se fué al salón a darle un beso a los niños que estaban con los deberes. Estaban sentados.. estudiando.. hasta los gemelos. Lo que más echaba de menos es estar todo el día con ellos, el  tenerlos a ratos, el ir a casa y estar de visita. Los achuchó y se fué.  Como Carmen podía ser tan inmadura. Era buena madre, no lo iba a negar, pero .. era poco responsable, no se hacía cargo de la situación. No se daba cuenta que él, estiraba el dinero todo lo que podía. Y ella, siempre demandando. Quería seguir al mismo ritmo de vida de siempre, y no era consciente de que no podía ser. Echaría mano a su madre, siempre lo ayudaba. En fin, ahora tenía que centrarse en Judit.

Si.. su Judit, que ..  habían pasado la noche juntos, y .. después de llegar al trabajo, todo había sido de locos. Cuando lo llamó para decirle que se había desmayado le dió un vuelco el corazón. La noche pasada él había dormido, pero ella, notó que se había despertado varias veces. Entre sueños abrió los ojos y veía como estaba entre las cortinas de la terraza mirando la noche. Era muy hermosa, con un cuerpo armonioso, sus caderas, sus pechos, y .. estaba como si fuera una bella escultura romana, resplandeciente su piel blanca, y  esa mirada perdida, mirando a la luna. Que estaría pensando mientras estaba así… quien sabe.

En ese momento sonrío, arrancó el coche, y pensó en dejar a un lado a Carmen, a los niños, y .. en ese momento ser Rober. Enamorado de Judit, con la que quería empezar una nueva vida. Una pareja madura, que ha vivido, y ha llegado a un momento de serenidad en lo emocional.

Pararía en un japonés de camino a casa de Judit, a ella le encanta, y  la sorprenderá. También, un ramo de rosas blancas.  O quizá una orquídea. Las rosas.

El desmayo, seguro que ha sido por el cansancio. Si no ha dormido, después, el ajetreo del trabajo.. porque .. ¿no le pasará nada grave? No.. el destino no puede ser tan cruel. Seguro que ha sido el cansancio, no obstante, le insistiré para que visité a un médico. La verdad, está algo pálida últimamente, igual no come lo suficiente. Bueno, .. ahora me ocuparé de que se alimente, de que se cuide. Podríamos vivir juntos…. buff… estoy corriendo demasiado. Aunque nos conocemos hace mucho, el convivir, es otra cosa. Pero sería tan bonito estar juntos.. vivir juntos.

Conducía por la gran avenida y sonreía. La vida, puede ser amable, a pesar de todos los pequeños inconvenientes. Basta pensar en alguien a quien quieres, para sonreir, y sentirse feliz.

La luna.. sigue brillando en la noche.

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Bajo la misma luna: capítulo 10

Estaba cómodamente sentada en el sofá, con una coca-cola, cuando empezó a sonar su móvil. Fue a cogerlo rápidamente, pensando que sería Rober, pero al ver la pantalla vio un número que no tenía memorizado.

– ¿Sí? ¿Dígame?

– Judit, soy Enzo. ¿Qué tal te encuentras?

– Muy bien Enzo. Aquí estoy con la novela, que sigue estando muy interesante, iré tomando notas de las correcciones, y .. cuando quiera, pues se lo comento.

– Gracias Judit, pero ahora, en plan tranquilo. Te he llamado sobre todo para saber como estás, y para que tengas mi móvil, por si se te ofrece algo.

– Es muy amable.. no era necesario.

– Jejeje, me siento responsable.. creo que ha sido demasiado para vosotros, saber lo de la compra de la Editorial.

– Bueno, ha sido mas bien, bajada de azúcar, y la tensión.. no tiene usted la culpa.

– ¿Y qué tal va la protagonista de la novela?

– Pues.. muy bien, es .. no sé, una protagonista que transmite buenas energías. Necesita algún pulido, pero va bien. Me llama la atención el tema del viaje a otra dimensión, de buenas a primeras, y todo lo que se dá como natural.

– Seguramente el escritor, o escritora, en cierto modo ha escrito así por algo. Los escritores suelen espantar sus fantasmas, sus fobias, sus miedos, a través de sus letras. Si se profundiza un poquito más, quien sabe que se podría averiguar.

Hubo un silencio.

– Uhmm, Judit, que descanses, cualquier cosa, llámame.

– Muchísimas gracias Enzo.

Colgó el teléfono con una sonrisa. No daba crédito, el jefazo la había llamado, y .. podría decir que ella había estado correcta, pero que el corazón se le había acelerado un poquito. Dejó el teléfono en la mesita, y volvío al sofá. Dobló las rodillas, y con la novela en la mano empezó a sonreír mirando por la ventana.

De repente empezó a pensar en Rober, no la había llamado. Igual ni tan siquiera lo sabía. Le mandaría un wasap, para que no se enterase por otros, y se preocupase. Lo escribió. “Rober, estoy en casa, no me encontraba bien. Pero ya estoy mejor. Besos.”

Al ratito, contestó. “Nena, en cuanto acabe con Carmen, voy para tu casa. Te llevo algo para que cenemos.. no te muevas. Tengo que cuidarte amor. Te amo.”

Judit, en ese momento, comenzó a llorar. Rober la había emocionado, en sus palabras escritas, había escuchado la suavidad de su voz, había notado su amor, su calidez. Si, deseaba que llegase, deseaba que la abrazase, que la besase, y que le dijese que no se preocupara. Que no planificase más allá del día presente. Y que todo, todo, estaría bien.

Se recompuso un poco, llevó la coca-cola a la cocina, esa cocina que fue la que la enamoró cuando decidió comprar el piso. La luz, la amplitud. Después cuidó el mobiliario. Madera cálida, con mucho sitio para cocinar. Le gustaba inventar comidas nuevas, dejar que su imaginación se empleara con colores y sabores. Puso la tetera en la vitro. Su tía, siempre le decía que un té lo arreglaba todo, y seguro que sería así.  Se tomaría el té, leería la novela, y esperaría que llegase Rober. Que todo fuera tomando forma. Que todo se asentará. Mientras colocaba la bolsita del té en la taza de cerámica de corazoncitos, sonreía, se llevó un dedo a sus labios, cerró los ojos, y pensó en un amanecer, en un beso.

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bajo la misma luna: capítulo 9

– Aquí es Jaime. Muchas gracias.

– No hay de qué Judit.

– Enzo, muchas gracias por traeme a casa. Me ha venido muy bien.

– No tienes que dar tanto las gracias, para mi ha sido un placer poder traerte. Además, creo que es lo mejor que puedes hacer hoy, descansar, y seguir con la lectura de la novela que me has comentado.

– ¿Le ha interesado lo que le he contado?

– Por supuesto, y si no fuera porque no dispongo de tiempo, y porque tu trabajo es leerte la novela, te la quitaría de las manos para leerla yo, jejeje.

En ese momento en el que iba a bajar del coche, no sabía qué hacer. Jaime estaba con la puerta abierta.

– ¿Quiere subir y tomar un café, o algo?

– Judit, no quiero que te sientas incómoda.  Déjame tu número de móvil, para poder preguntarte como estás, y así tienes el mío por si se te ofrece algo.

Miraba a Enzo a la boca, no podía mirarlo a los ojos, y .. había visto como la había llamado.. como vocalizaba, como sonreía. Sus labios no parecían nuevos, parecía que los había visto antes. El olor de la piel de Enzo, sus palabras, su acento, su sonrisa..

– Si, si.. seis, seis, cinco, cuarenta y cinco, cincuenta, setenta y siete.

Estaba atento escribiendo los números rápidamente en el móvil. Cuando acabó, le sonrío, le cogió la mano, y se la besó, como hizo en el ascensor.

– Mejórate bb.

Empezó a temblar, que desconcertante era ese hombre, ¿cómo la había llamado? Nunca antes.. la habían llamado así. Judit enrojeció, y se sintió sin saber qué decir.

– Gracias.

Y salió del coche, mientras Jaime sujetaba la puerta. Se dirigió a su portal, con la novela debajo del brazo y un montón de sensaciones que recorrían su cuerpo, su mente, y la hacia sentirse débil.

Abrió la puerta del portal, y hasta que no entró, no se marchó el coche. La vida. Como en un momento nos hace cambiar. Desvalida, confusa, cuando ella siempre tiene las cosas claras. Llamó al ascensor, y subió a la última planta, donde tenía su refugio.

Dejó las llaves en la entrada, fué al dormitorio, se puso unos legins y un jersey, calcetines para andar por el suelo de parket, y .. una coca- cola, le subiría la tensión, le aportaría azúcar, y estaría de ver estrellitas.. el estrés, que puñetero es.

 

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Bajo la misma luna: capítulo 8

CAPÍTULO 8

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bajo la misma luna: capítulo 7

CAPÍTULO 7

 

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