Terciopelo rojo: la cajita

terciopelotitulo

Con firmeza miró al Sr. Smith.

– Me llevo el sobre, la caja de acero no es cosa mía. Y no me la voy a llevar.

Los dos se miraban con determinación, con energía.

El Sr. Smith estaba contrariado, le daba vueltas a la cabeza, como solucionarlo. Quizá, él no tenía que haber aceptado la caja de acero, y el que tenía el problema era él. Sabía que no la iba a convencer. Sus ojos le decían no, con una frialdad… tanto como los suyos. Que hermoso era ver a alguien con determinación.

– Deacuerdo Sra. García, veré como soluciono lo de la caja de acero.

Se acercó a recoger el sobre que estaba encima del escritorio, y dejó la cajita de acero. Le dió el sobre, pero.. no sabe porqué el Sr. Smith retuvo un momento la mano de ella entre la suya.

– Me gustan tus ojos. Quisiera saber como miran cuando no estas en una misión.

– Sr. Smith, siempre estoy en una misión. – Pero mientras lo decía dulcificó el rostro, y la mirada fue condescendiente. Sin embargo su cuerpo, sus músculos, no perdieron ni un ápice de tensión.

Se despidieron con educación. Ella enfiló la puerta, sabiendo exactamente lo que tenía que hacer ahora, tenía en el bolso las llaves de un bmw serie 1, rojo, que estaría aparcado a dos calles de la dirección. Solo quedaba hacer la entrega, y podría destensarse en una bañera de espuma.

El  Sr. Smith se puso su chaqueta, cogió el casco de la moto, metió la cajita de acero en un bolsillo, apagó las luces, y se dirigió hacia la puerta. Seguiría a la chica, y haría él mismo la entrega…  era la mejor solución. Se dirigió en el ascensor al parking, discretamente buscaría a la chica, y la seguiría.

Ella caminaba, no se percató de que él la había ya localizado, se dirigió al coche, lo arrancó con rápidez. Había memorizado el camino que tenía que hacer para entregar el sobre. Era en una nave industrial en un polígono que en los últimos años había ido a menos. Las manos le sudaban al volante, el corazón volvía a desbocarse, debería de controlarse mejor.

Al salir de la vía de servicio de la autovía, vió el letrero, allí estaba la nave industrial, “Pinturas Martínez”.

Si quieres que la nave esté destruida por el fuego, y ella no pueda
entregar el sobre, pincha aquí.

Si quieres que entre en la nave y entregue el sobre, pincha aquí.

(Si quieres volver al principio pincha aquí.)

2 respuestas a Terciopelo rojo: la cajita

  1. Nergal dijo:

    El desarrollo tensional

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