terciopelo rojo: la ducha

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Ella bajó de un salto del taxi y se dirigió a la dirección que había encontrado en la guía, se iba a enterar ese puñetero Flanagan. Llegó al  piso, llamó al timbre, la educación es  un requisito, y después de cinco minutos sin respuesta, decidió entrar: con sus kit de herramientas para espías en apuros, consiguió abrir la puerta. Se sorprendió.. vaya choza.. un loft con unas cristaleras preciosas que ofrecían una preciosa vista del puerto, el edificio mapfre, el hotel de l´Ars, uhmm y que gusto tan exquisito, nunca habría sospechado que esa casa fuera de Flanagan.. equipo de música… a ver que tiene.. uhmm jazz, increible, este hombre es increible. Y mira que es feo.

Al ritmo de jazz fue desabrochándose el vestido rojo, se deshizo de la ropa interior, de las medias, pero los zapatos y  la beretta, de ellos no se iba a deshacer. Desnuda, se sirvió una copa de havanna club especial, ron miel.. uhm el sobre, la caja, el 50% del Sr. Smith en este momento nada importaba.. solo saborear una copa, desnuda,  delante de un gran ventanal, y se podría perfeccionar el momento con una ducha, sentir en su piel la suavidad de un gel, la calidez del agua.   Subió las escaleras, y allí estaba el dormitorio, en el piso superior, en abierto, con las mismas hermosas vistas que el salón, y el baño, con jacuzzy, ducha enorme, en un elegante gresite color lila, suave.. sonreía.. porque estaba descubriendo la  esencia de Flanagan.

Se descalzó, dejó la beretta encima de la piedra de silestone del lavabo, y entró en la ducha, cromática, con el jazz de fondo, dejó que el agua, y las sales del mar muerto, suavizaran su piel, que el olor a mar la llenara.. se relajó.. se merecía ese momento.

De repente, en ese instante mágico.. notó como alguien se deslizaba por la ducha… pero su cuerpo no se puso a la defensiva, sino que sonrió, y dejó que el visitante misterioso pusiera sus manos en su cintura, que se acercaba a ella, y suavemente, la boca del visitante misterioso se acercó al oído de ella:

– Merikate, por fín llegastes, y has hecho lo que quería… el sobre, la caja , y el dinero.. son nuestros.

– No sabía …

– Si sabías.

Y empezó a besarla en el cuello, a que sus manos suaves, y firmes recorrieran el cuerpo de diosa que se le ofrecía sin peros, con ganas, como si fuera una flor que se abre a su voz. Hicieron el amor con el compromiso del momento, disfrutando de lo que se respira cuando la pasión no tiene límites, ni control.

El sobre, la caja, el dinero… y el amor junto al deseo.

flanaga y merikate

(Si quieres volver al principio pincha aquí.)

3 respuestas a terciopelo rojo: la ducha

  1. Dessjuest dijo:

    😀 qué grande, siempre dándole a las historias el toque romántico.

  2. Adwoa dijo:

    Me gusta tu final y como te imaginaste tu la casa de Flanagan jaja
    Besos aterciopelados

  3. Nergal dijo:

    Y a repetir que sabe a poco

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